BAJA | Correos por el precio del desprecio

Hay propuestas que no necesitan mucho análisis. Se explican solas. Y esta es una de ellas.

Correos convoca un concurso para diseñar la imagen de un sello conmemorativo del centenario en Zaragoza. El premio: 25 euros en sellos.

Veinticinco. En sellos.

Porque aquí no hay “oportunidad para jóvenes talentos”. Ni “visibilidad”. Ni “ilusión por participar en un proyecto institucional”.

No es provocación sofisticada. No es ironía. No es una performance conceptual sobre el valor del diseño en la España contemporánea. Es, simplemente, la constatación de algo que el sector lleva demasiado tiempo tolerando: la banalización sistemática de su trabajo.

Aquí hay una institución pública pidiendo trabajo profesional a cambio de nada. O peor: a cambio de algo simbólicamente irrelevante.

Y lo preocupante no es solo la cifra. Es el marco mental que la sostiene.

Cuando una entidad como Correos —con historia, con marca, con responsabilidad— plantea algo así, está diciendo en voz alta que el diseño es un adorno. Un trámite. Algo que se puede resolver con un concurso abierto y un premio casi decorativo.

Pero el diseño no es eso.

El diseño construye percepción. Construye relato. Construye valor

Un sello no es solo un objeto postal. Es una pieza de identidad. Es cultura visual. Es patrimonio circulando. Es, precisamente, el tipo de activo que debería tratarse con respeto, criterio y, sí, presupuesto.

Porque pagar no es un gesto. Es una declaración de principios. Y aquí viene la parte incómoda.

Esto no pasa solo porque alguien convoque mal un concurso.
Pasa porque siempre hay alguien dispuesto a presentarse.

Pasa porque el sector —demasiadas veces— entra en el juego.
Porque se acepta el “por probar”, el “total son cinco minutos”, el “a ver si suena la flauta”.

Y así, poco a poco, se va erosionando todo: el valor, la profesión y el respeto.

Por eso, quizá la respuesta no debería ser un hilo indignado en redes. Ni un comunicado tibio. Ni una queja más que se pierda en el ruido.

Quizá la respuesta sea más simple: no presentarse.

O mejor aún: presentarse todos… pero entregar un archivo en Word.

Tipografía Calibri. Cuerpo 11. Texto: “El diseño también se paga”.

Porque a veces la única manera de que algo se entienda es devolver el gesto en el mismo idioma e idéntica seriedad. 

Hasta cuándo, Correos. Y sobre todo: hasta cuándo nosotros.

Compartir en

Relacionados