El viaje de una empresa empieza en una silla

Bankinter Empresas convierte un objeto cotidiano de oficina en símbolo del crecimiento, las decisiones y el acompañamiento empresarial.

Hay objetos que están tan metidos en la vida de una empresa que casi no se miran. La mesa, el portátil, la libreta, el café que se queda frío, la pantalla con más pestañas abiertas de las necesarias. La silla de oficina podría parecer uno más, quizá el más silencioso de todos. Pero basta pensar un momento en todo lo que ocurre alrededor de ella para entender por qué puede sostener una campaña entera.

En una silla se empieza el día. Se contesta una llamada complicada. Se revisan números. Se piensa dos veces antes de enviar un correo. Se celebra una buena noticia con una sonrisa rápida, casi sin levantarse. También se encajan los momentos difíciles: los retrasos, las dudas, las decisiones que no se pueden aplazar mucho más.

Por eso tiene sentido que Bankinter Empresas haya elegido una silla para hablar del crecimiento de una compañía. Podría haber recurrido a imágenes más previsibles: un despacho con vistas, una fábrica en marcha, una carretera abierta, una reunión de equipo, una gráfica que sube. En cambio, elige un objeto corriente. Una silla. Algo que cualquiera que haya trabajado en una empresa reconoce sin esfuerzo.

La campaña parte de una idea sencilla: convertir esa silla en vehículo. Sacarla de la oficina y ponerla a recorrer paisajes, curvas, subidas y tramos inciertos. Lo que normalmente está quieto empieza a moverse. Y con ese gesto, la silla deja de ser parte del decorado para contar otra cosa.

Porque una empresa también se parece bastante a un viaje. No siempre avanza en línea recta. A veces acelera, a veces se detiene, a veces obliga a cambiar de dirección. Hay momentos en los que todo parece claro y otros en los que conviene parar, mirar alrededor y decidir el siguiente paso con calma.

En ese recorrido no aparece solo el empresario. A su lado viaja una asesora de Bankinter. No como una figura lejana ni como alguien que aparece únicamente cuando todo va bien, sino como una presencia constante durante el trayecto. Ahí está una de las claves de la campaña: contar el acompañamiento sin subrayarlo demasiado.

La palabra “acompañar” se ha usado tanto en la comunicación bancaria que muchas veces llega gastada. Aquí gana algo de cuerpo porque se ve. Dos personas avanzan juntas sobre una silla de oficina. La imagen puede tener un punto inesperado, incluso extraño al principio, pero se entiende rápido. Alguien lleva una empresa adelante y alguien va a su lado.

La silla también habla de una parte menos visible del mundo empresarial: la responsabilidad de decidir. Quien dirige un negocio sabe que muchas cosas pasan antes por ese lugar. Invertir o esperar. Contratar o contenerse. Abrir mercado o consolidar. Pedir financiación, revisar una previsión, asumir un riesgo. Son decisiones que a veces se toman en salas de reuniones, pero muchas otras se toman sentado frente a una mesa, con la cabeza llena de variables.

Ahí la elección del objeto funciona especialmente bien. No es grandilocuente. No intenta representar la empresa desde fuera, con los códigos habituales del éxito corporativo. La mira desde un sitio más pequeño y más reconocible: el asiento desde el que alguien piensa qué hacer con su negocio.

También por eso la silla puede hablar a empresas muy distintas. Puede ser la de una gran compañía, la de una pyme, la de un despacho profesional, la de una empresa familiar o la de quien empezó con una mesa prestada y un portátil. Cambia el tamaño del negocio, cambia el sector, cambia el paisaje. Pero siempre hay un lugar desde el que se toman decisiones.

La campaña tiene interés precisamente porque no convierte la empresa en algo abstracto. Habla de crecimiento, pero no lo reduce a cifras ni a grandes palabras. Lo cuenta a través de una imagen cotidiana que se desplaza. Una silla que avanza. Una persona que decide. Otra que acompaña.

A veces la publicidad encuentra sus mejores símbolos no en lo espectacular, sino en lo que estaba delante de todos. Bankinter Empresas mira una silla de oficina y la saca de su sitio habitual. La pone en marcha. Y al hacerlo deja una idea clara: una empresa empieza muchas veces donde alguien se sienta a pensar, pero crece mejor cuando no tiene que hacer el camino sola.

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