Donde las marcas no están: el 71% de las decisiones de compra ocurre en la sombra

Durante años, el marketing ha intentado medir, optimizar y controlar cada punto de contacto. Pero hay una parte de la conversación que se escapa. Según ESIC, el 71% de las decisiones de compra ya ocurre fuera del radar de las marcas. Y eso no es solo un dato, es un cambio de escenario.

Durante mucho tiempo, la lógica del marketing digital se ha apoyado en una promesa bastante sencilla: si está en pantalla, se puede medir. Si se puede medir, se puede optimizar. Y si se optimiza, se convierte en negocio.
El problema es que esa ecuación empieza a quedarse corta.

El último informe de ESIC pone cifras a algo que muchos ya intuían: gran parte de las decisiones de compra ya no sucede en espacios visibles para las marcas. Ocurre en conversaciones privadas, en grupos de WhatsApp, en mensajes directos, en recomendaciones entre amigos o compañeros de trabajo. En lo que conocemos como dark social.

No es un territorio nuevo, pero sí cada vez más determinante.

Lo que no se ve también construye marca

Durante años, el foco ha estado en generar impacto: campañas, creatividad, formatos, presencia. Todo orientado a captar atención en espacios públicos y medibles.

Pero la decisión —la que termina inclinando la balanza— rara vez ocurre ahí. Llega después. Cuando alguien pregunta “¿esto merece la pena?” en un grupo. Cuando alguien comparte una experiencia sin filtros. Cuando una recomendación pesa más que cualquier campaña.

Ese momento no deja rastro en dashboards ni aparece en informes de atribución. Sin embargo, es donde se decide mucho más de lo que parece. Y eso obliga a asumir algo incómodo: no todo lo que importa se puede trackear.

Del control a la influencia

Este cambio desplaza el papel de las marcas. Si una parte creciente de la decisión ocurre fuera de sus canales, la lógica ya no puede ser solo la del control. Pasa a ser la de la influencia.

Influir no es estar en todas partes, sino ser relevante cuando no estás delante.

Ahí ganan peso cuestiones que a veces quedan en segundo plano: la experiencia del producto, la coherencia de marca, la capacidad de generar conversación o la confianza acumulada.

Porque en el dark social no hay formatos que compensen una mala experiencia. Lo que circula es la opinión.

Creatividad que viaja sola

También hay una lectura interesante desde la creatividad.

Las piezas ya no compiten solo por captar atención en abierto, sino por moverse en privado. Por colarse en conversaciones donde la marca no está, pero sí aparece en forma de recomendación o comentario.

Eso cambia el tipo de ideas que funcionan. No basta con impactar. Tiene que haber algo que invite a compartir, a recomendar, a reenviar. Ese “mira esto” se ha convertido en un canal en sí mismo.

Medir menos, entender mejor

El dato del 71% no solo habla de comportamiento del consumidor. También señala un límite del propio marketing.

Durante años, la industria ha perfeccionado sus herramientas de medición. Pero medir más no siempre significa entender mejor.

Quizá el reto está en aceptar que hay zonas que no se pueden cuantificar del todo. Que parte del valor de una marca se construye en espacios que no controla. Y que eso no es una anomalía, sino parte del contexto en el que operan hoy las marcas.

Una conversación que no se puede forzar

Al final, todo esto conecta con algo bastante básico: las personas confían más en otras personas que en las marcas.

Siempre ha sido así. La diferencia es que ahora esas conversaciones tienen sus propios espacios, cerrados y difíciles de rastrear.

Para las marcas, no se trata de intentar entrar ahí a la fuerza, sino de tener un lugar en esa conversación. Con consistencia en el tiempo. 

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