Wallapop no tiene una forma de vender. Tiene 22 millones

Una persona puede describir una mesa con sus medidas, su material y su estado. Otra puede contar que fue el lugar donde tomó la decisión de cambiar de vida. Las dos están vendiendo una mesa. Pero no están contando lo mismo.

Eso es lo que Wallapop parece haber entendido en su nueva campaña, “Vendedores”: detrás de cada objeto hay alguien intentando desprenderse de él. Y cada uno encuentra su propia manera de hacerlo.

Hay quienes van al grano. Quienes lo explican todo. Quienes exageran un poco. Quienes escriben tres palabras y quienes convierten la descripción de una lámpara en un capítulo de sus vidas.

Wallapop tiene más de 22 millones de usuarios. Y, por tanto, más de 22 millones de posibles maneras de vender.

La plataforma no escribe todas sus historias

La campaña parte de tres situaciones reconocibles: una mudanza, una ruptura y una despedida. Momentos en los que los objetos dejan de encajar, sobran o necesitan encontrar otro lugar.

En cada pieza, los protagonistas rompen la cuarta pared y transforman lo que están viviendo en un anuncio. Aparecen los códigos de una teletienda, el tono aspiracional de un perfume o las promesas exageradas de la publicidad más efectista.

El recurso funciona porque no caricaturiza solamente la publicidad. También reconoce algo que ocurre dentro de la plataforma: cada vendedor utiliza sus propias palabras, sus referencias y su sentido del humor para hacer atractivo aquello que quiere dejar atrás.

Wallapop no necesita inventar todos esos relatos. Ya están sucediendo dentro.

Lo que se vende y lo que se mueve

Durante mucho tiempo, la segunda mano se explicó principalmente desde el ahorro. Después llegó la sostenibilidad. Dos argumentos razonables, pero cada vez más compartidos por todas las plataformas de la categoría.

Wallapop está construyendo otro territorio.

Con “Solo se vive muchas veces”, la marca comenzó a relacionar la segunda mano con las nuevas etapas de las personas y de los objetos. “Vendedores” continúa esa dirección y desplaza la atención desde lo que se vende hacia quien decide venderlo.

Porque una cuna puede salir de una casa cuando un niño ha crecido. Una bicicleta, cuando alguien ha dejado de utilizarla. Un regalo, cuando una relación termina. El objeto es el mismo que vemos en la pantalla, pero su significado depende de la vida que queda fuera de ella.

Y ahí Wallapop encuentra algo más difícil de copiar que una funcionalidad: una forma propia de mirar lo que sucede en su plataforma.

Una marca hecha por quienes la usan

Las plataformas digitales suelen hablar de rapidez, facilidad, tecnología o número de usuarios. Wallapop utiliza ese número de otra manera.

No presenta a sus 22 millones de usuarios únicamente como una prueba de tamaño. Los convierte en parte de su identidad.

Es una decisión interesante porque implica ceder una parte del relato. La marca establece el territorio, pero permite que sean las personas quienes le den variedad, verdad y tono.

No todos hablan como Wallapop. Y precisamente por eso todos pueden formar parte de Wallapop.

La campaña tampoco intenta uniformar esas voces. Las reúne. Reconoce que el lenguaje espontáneo, imperfecto y algunas veces excesivo de los anuncios es parte de la experiencia de la plataforma.

Eso convierte a sus usuarios en algo más que compradores y vendedores. Los convierte en generadores de historias, comportamientos y códigos que la marca puede observar, ordenar y devolver a la conversación.

Escuchar antes de hablar

Hay marcas que buscan una voz propia y marcas que saben escuchar las voces que ya existen a su alrededor.

Wallapop parece haber encontrado una forma de hacer ambas cosas.

Su voz de marca está en la mirada que une todas esas historias: los objetos tienen más de una vida porque las personas también atraviesan cambios, despedidas y comienzos. Pero la manera de contar cada una de esas vidas no pertenece por completo a Wallapop.

Pertenece a quien vende.

Quizá por eso “Vendedores” funciona. Porque la campaña no coloca un mensaje sobre la comunidad. Lo encuentra dentro de ella.

Wallapop no tiene una única forma de vender. Tiene millones. Y ha entendido que esa aparente falta de uniformidad no debilita su marca.

La hace reconocible.

Lo que esta MIRADA ayuda a entender


– ¿Qué parte de una marca pertenece a la empresa y cuál construyen las personas que la utilizan?
– ¿Puede una comunidad convertirse en un activo de identidad tan importante como un logotipo o un tono de voz?
– ¿Por qué las historias que ya ocurren alrededor de un producto suelen resultar más creíbles que las inventadas por la publicidad?
– ¿Cómo puede una marca ordenar muchas voces distintas sin hacer que todas suenen igual?
– ¿Y si encontrar una voz propia también consiste en saber cuándo dejar hablar a los demás?

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