Hay decisiones que apenas cambian una marca a los ojos del consumidor y, sin embargo, dicen mucho sobre cómo esa marca entiende su futuro.
Eso es lo que ocurre con la evolución de la identidad visual que Coca-Cola ha comenzado a implantar en algunos mercados, entre ellos España. No estamos ante un cambio radical ni ante un ejercicio para llamar la atención. La compañía ha ajustado distintos elementos de su sistema visual para reforzar su presencia en envases, puntos de venta y canales digitales, manteniendo intactos los códigos que la hacen reconocible.
Cuando una de las marcas más valiosas del mundo revisa su identidad, probablemente no está tomando una decisión de diseño. Está tomando una decisión de marca. Y nos viene muy bien este caso para recordar que las marcas también necesitan inversión.
No solo cuando lanzan un producto, desarrollan una innovación o abren un nuevo mercado. También cuando deciden seguir reforzando aquello que llevan décadas construyendo.
Una identidad visual no sirve únicamente para identificar una empresa. Ayuda a mantener vivos los activos que hacen que una marca sea reconocible antes incluso de leer su nombre.
Su color, su tipografía, su envase, su forma de presentarse o su manera de ocupar el lineal. Cada uno de esos elementos acumula significado con el paso del tiempo. Y precisamente por eso necesitan evolucionar sin perder aquello que los hizo valiosos.
En Coca-Cola esa evolución no rompe con la historia de la marca. Construye sobre ella.
Cada ajuste añade una nueva capa sobre más de cien años de reconocimiento, confianza y preferencia. No busca sorprender al consumidor. Busca que la marca siga resultando familiar en un contexto que no deja de cambiar.
La marca también se pone a prueba
Ese valor acumulado también permite hacer cosas que muy pocas marcas podrían permitirse. En una reciente campaña para fomentar el reciclaje, Coca-Cola fue eliminando progresivamente algunos de los elementos que identifican su identidad visual hasta dejar únicamente pequeños fragmentos de la marca. El ejercicio demostraba que, incluso deconstruida, seguía siendo Coca-Cola.
No era solo una campaña sobre reciclaje. Era una demostración de la fortaleza de sus activos distintivos. Cuando una marca ha construido durante décadas un universo visual coherente, puede incluso jugar con él sin perder reconocimiento.
Ese trabajo rara vez ocupa titulares. Sin embargo, forma parte de la construcción de marca tanto como el lanzamiento de un nuevo producto o una gran campaña.
Porque el verdadero patrimonio de muchas compañías no está solo en sus fábricas, sus oficinas o su capacidad de producción. Está en aquello que no aparece físicamente en un balance, pero condiciona cada decisión de compra.
La notoriedad, la confianza, el recuerdo, la preferencia y sus activos distintivos hacen posible que dos productos muy parecidos no tengan el mismo valor para quien los compra.
Las marcas también necesitan seguir invirtiendo en aquello que ya las hace valiosas.
España como laboratorio
Que Coca-Cola haya elegido España como uno de los primeros mercados para desplegar esta evolución tampoco parece casual. Hablamos de un mercado maduro, altamente competitivo y con una enorme presencia de la marca en el día a día de los consumidores. Un escenario exigente para comprobar cómo evolucionan unos códigos visuales que millones de personas reconocen casi de manera automática.
Las grandes marcas no invierten en cambiar quiénes son. Invierten en que aquello que las hace únicas siga teniendo sentido para las personas.
Porque una marca no solo genera valor cuando innova, lanza nuevos productos o abre nuevos mercados. También lo genera cuando decide seguir reforzando aquello que las personas ya conocen, recuerdan y eligen.
Lo que esta MIRADA ayuda a entender:
– ¿Por qué Coca-Cola sigue actualizando su identidad visual?
– ¿Qué hace que una marca siga acumulando valor durante más de un siglo?
– ¿Qué son los activos distintivos y por qué generan valor?
– ¿Cómo se construyen el reconocimiento, la confianza y la preferencia hacia una marca?
– ¿En qué momento actualizar una marca deja de ser una decisión de diseño para convertirse en una decisión de negocio?