Booking.com ficha a Carmen Lomana para enseñarnos a convivir en un avión. La intención despega bien: respetar a los demás nunca sobra. El problema llega cuando la guía aterriza en la manicura, los pies descalzos y los TikToks en el pasillo.
Sí, grabar bloqueando el paso es molesto. Sí, algunos comportamientos merecen una llamada de atención. Pero centrar la campaña en ejemplos extravagantes convierte la convivencia en juicio social y deja fuera asuntos bastante menos divertidos: el trato a la tripulación, el ruido, la invasión del espacio personal o la falta de empatía.
Sí a los buenos modales. No a confundir educación con señalar al pasajero más fácil de caricaturizar.