«El mundo puede esperar». Coca-Cola quiere que gane la conversación, no la pantalla.

Podría ser el eslogan de una película de acción. También el de una campaña política o el título de una novela. Coca-Cola lo ha elegido para recordar algo mucho más cotidiano: que hay momentos en los que merece la pena dejar de atender lo urgente para volver a prestar atención a lo importante.

Su nueva campaña global, The World Will Wait, invita a guardar las pantallas durante las comidas y recuperar un gesto que parecía demasiado sencillo para necesitar una campaña: sentarse a la mesa y conversar.

Pero la lectura va más allá del móvil.

Cada vez más marcas ya no solo compiten por captar nuestro tiempo. Empiezan a preguntarse cómo pueden ayudar a que ese tiempo tenga más sentido.

La atención también se construye

Durante años, el objetivo de las marcas fue conseguir un hueco entre miles de estímulos. Cuanto más tiempo pasáramos con ellas, mejor.

La propuesta de Coca-Cola resulta interesante porque hace justo lo contrario.

No intenta prolongar la relación con la marca. Nos invita a levantar la vista de la pantalla y dedicar ese momento a las personas que tenemos delante.

En una economía donde casi todo compite por mantenernos conectados, propone, aunque sea durante una comida, desconectar.

No busca añadir una notificación más.

Busca que durante unos minutos dejemos de atenderlas todas.

Lo urgente siempre encuentra la forma de sentarse a la mesa

La campaña no nace de un problema de comunicación. Nace de un comportamiento que todos reconocemos.

Queremos compartir una comida con calma, pero basta una notificación para interrumpir la conversación. Respondemos un mensaje «solo un momento», revisamos un correo «porque será rápido» o levantamos un dedo para pedir unos segundos más mientras seguimos mirando la pantalla.

No es un gesto excepcional. Es ya una costumbre.

Y Coca-Cola ha decidido construir su campaña precisamente sobre esa pequeña contradicción: cada vez valoramos más el tiempo compartido, pero cada vez nos cuesta más protegerlo.

La marca no demoniza la tecnología. Tampoco propone desconectar del mundo.

Lo que cuestiona es otra cosa: la idea de que todo lo que parece urgente merece nuestra atención inmediata.

Porque muchas veces no es así.

Una marca que protege el territorio que lleva décadas construyendo

Hay campañas que intentan apropiarse de conversaciones que están de moda. Esta no.

Coca-Cola lleva décadas construyendo un imaginario alrededor de las comidas compartidas, las celebraciones y los momentos de encuentro.

No cambia de territorio. Lo actualiza.

Antes bastaba con reunir a las personas alrededor de una mesa.

Hoy también hay que conseguir que estén realmente presentes.

Cuando una marca entiende cómo cambia el contexto sin abandonar aquello que la ha hecho reconocible, el mensaje gana credibilidad.

No habla de bienestar porque ahora sea una conversación relevante.

Habla de aquello que siempre ha representado, adaptándolo a una nueva realidad.

El siguiente territorio de las marcas

Cada vez vemos más marcas intentando mejorar pequeños comportamientos cotidianos.

No desde el discurso.

Desde la experiencia.

Facilitar una conversación. Favorecer una pausa. Reducir una fricción. Recordarnos que merece la pena volver a hacer aquello que, en realidad, siempre nos ha sentado bien.

No sería la primera vez. Hay marcas que llevan años invitándonos a dormir menos, movernos más, disfrutar de una buena sobremesa o regalarse momentos de desconexión.

No sustituyen a quienes trabajan por nuestro bienestar.

Pero sí pueden influir, desde el lugar que ocupan en nuestra vida, en pequeños hábitos que ayudan a cultivarlo.

Quizá ese sea uno de los territorios más interesantes para la construcción de marca durante los próximos años.

No competir por cada segundo de nuestro tiempo. Sino ayudarnos a decidir cuándo merece la pena dejar de prestárselo al resto del mundo.

Durante años admiramos campañas que prometían cambiar el mundo.

Coca-Cola propone algo bastante más humilde.

Que el mundo espere veinte minutos.

Y, visto el momento en el que vivimos, quizá esa sea una idea mucho más ambiciosa.

Lo que esta MIRADA ayuda a entender


¿Qué papel pueden desempeñar las marcas en la economía de la atención?

¿Por qué Coca-Cola utiliza The World Will Wait para hablar de algo tan cotidiano como una comida?

¿Cómo se actualiza un territorio de marca sin abandonar el posicionamiento construido durante décadas?

– ¿Y si las marcas más relevantes del futuro fueran también las que nos ayudan a recuperar el tiempo que otras nos piden constantemente?

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