¿Se han ganado las marcas el derecho a desearnos felices vacaciones?

Llega el verano y las marcas nos desean felices vacaciones.

Lo hacen con mares muy azules, sombrillas perfectamente colocadas, maletas que siempre cierran y gente que parece haber nacido sabiendo desconectar.

Todo muy veraniego. Todo bastante parecido.

Pero la cuestión no es si pueden hacerlo. Claro que pueden.

La pregunta es si se han ganado el derecho.

Porque una cosa es que una marca forme parte de nuestra vida y otra muy distinta que aproveche cualquier momento para colarse en ella.

Hay marcas que están presentes en nuestras vacaciones de una manera natural. Nos llevan, nos alojan, nos protegen del sol, nos ayudan a llenar la maleta o aparecen en alguna de esas sobremesas que duran más de la cuenta. Forman parte del viaje, aunque no necesiten recordárnoslo.

Otras, en cambio, llegan a agosto con una palmera de banco de imágenes y un “felices vacaciones” que podría firmar cualquiera.

No molesta. Pero tampoco significa nada.

No basta con estar

Las marcas participan desde hace tiempo en nuestros rituales colectivos. Nos felicitan la Navidad, celebran el Día de la Madre, vuelven al colegio con nosotros y se apuntan al primer baño del verano.

El calendario les ofrece muchas oportunidades para hablar. Quizá demasiadas.

Porque estar presente no consiste en publicar siempre. Consiste en saber cuándo una marca tiene algo que decir, cómo puede decirlo desde su propia personalidad y, sobre todo, si se ha ganado cierta confianza para hacerlo.

La cercanía no aparece al añadir un emoji de sol. Se construye durante todo el año.

Se construye siendo útil, manteniendo una voz reconocible, respetando el tiempo de las personas y apareciendo de una forma que tenga sentido. Cuando ese vínculo existe, una felicitación puede sentirse honesta. Cuando no existe, se parece bastante a alguien que se acerca a una conversación ajena solo para dejar su tarjeta.

También hay una forma de marca en el silencio

Quizá una de las decisiones más interesantes que puede tomar una marca en verano sea no decir nada.

No sumarse. No forzar una creatividad estacional. No ocupar por ocupar.

El silencio también puede ser una elección de marca. Y en un momento en el que todos compiten por nuestra atención, saber retirarse demuestra bastante seguridad.

No todas las fechas necesitan una publicación. No todos los acontecimientos necesitan un logo. No todos los espacios de nuestra vida necesitan convertirse en una oportunidad de comunicación.

A veces, respetar la conversación significa no interrumpirla.

Entonces, ¿pueden las marcas desearnos felices vacaciones?

Claro que pueden.

Pero estaría bien que antes se hicieran otra pregunta: ¿formamos parte de este momento o estamos intentando colarnos en él?

La diferencia no está en la fotografía, en el texto ni en la campaña. Está en la relación que la marca ha construido con las personas antes de que llegara agosto.

En Capazo llevamos muchos meses compartiendo campañas, titulares, decisiones, aciertos, tropiezos y conversaciones sobre marcas. Por eso queremos permitirnos la confianza de decirlo.

Nos vamos una semana.

A descansar la mirada para volver a mirar mejor.

Felices vacaciones.

Lo que esta MIRADA ayuda a entender


– ¿Cuándo tiene sentido que una marca participe en una conversación?

– ¿Qué diferencia hay entre aprovechar un momento del calendario y formar parte de él?

– ¿Por qué algunas felicitaciones de vacaciones construyen marca y otras pasan desapercibidas?

– ¿En qué momento una marca deja de acompañar y empieza a interrumpir?

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