El palmarés da visibilidad. Eso no cambia.
Lo interesante es que, si se mira con algo de calma, deja ver otra cosa: qué marcas están sabiendo sostenerse mientras otras entran y salen.
Este año el propio jurado apunta en una dirección bastante clara: no hay dispersión, hay repetición.
Banco Sabadell, Movistar, Estrella Damm, Jumpers, Cervezas Alhambra, Netflix y LaLiga concentran buena parte del reconocimiento.
No es casualidad.
Banco Sabadell: explicar y generar implicación
Sabadell no ha reaccionado a la OPA con una campaña. Ha seguido construyendo sobre lo que ya venía haciendo.
“Poder elegir es tu poder”, “Los puntos sobre las íes” o “¿Qué hacemos con el dragón?” no funcionan como piezas aisladas. Van empujando la misma idea desde lugares distintos.
Una operación financiera compleja llevada a terreno cultural.
Ahí está el movimiento. No se queda en explicar. Consigue que la conversación no sea solo suya.
No es casualidad que haya terminado en Gran Premio y haya acumulado 11 metales.
Se reconoce algo más que una buena ejecución: la capacidad de sostener una posición de marca cuando el contexto aprieta.
Movistar: crecer sin romperse
Movistar aparece en todo. No como caso puntual, sino como presencia sostenida: 12 metales que responden a un sistema en marcha.
Contenido, entretenimiento, colaboraciones, presencia cultural… No hay una pieza que lo explique. Hay muchas cosas funcionando a la vez.
Y aun así no se desdibuja.
Cuando una marca empieza a operar en muchos frentes, lo habitual es perder claridad. Aquí no ocurre.
Estrella Damm: insistir con precisión
Estrella Damm no cambia de eje. Y el jurado vuelve a reconocerlo con 9 metales.
Vuelve a “Mediterráneamente” con otra historia de verano: amigos, costumbres, repetición.
Y sigue funcionando sin cambiar el planteamiento.
No introduce novedad por obligación. Trabaja sobre lo que ya es suyo.
Eso exige bastante más control del que parece.
Jumpers: elegir no gustar
Jumpers suma 8 metales sin moverse de sitio.
Mantiene un tono directo, reconocible, poco habitual dentro de su categoría. Y no lo adapta para encajar mejor.
Eso puede limitar alcance, pero define muy bien la marca.
En un entorno donde muchas marcas suenan parecido, aquí la diferencia es evidente sin necesidad de explicarla.
Netflix: amplificar, no añadir
Netflix aparece con 6 metales sin necesidad de grandes campañas independientes.
Su producto ya es contenido.
La clave está en cómo lo activa: cada estreno genera conversación, piezas y presencia en distintos espacios. No añade capas. Hace que lo que tiene circule.
Lo hemos visto recientemente con Stranger Things, donde el lanzamiento no se limita a comunicar una serie, sino a desplegar un sistema de contenido que se expande en cultura, redes y experiencias.
Aquí el producto ya está funcionando como campaña.
Cervezas Alhambra: la ejecución como territorio
Alhambra acumula 7 metales apostando por algo poco frecuente: parar.
Sus piezas se apoyan en el detalle, el ritmo y el cuidado. No como adorno, sino como forma de construir marca.
En una categoría muy saturada, esa decisión se nota.
La ejecución aquí no acompaña. Marca el terreno.
LaLiga: convertir competición en contenido
LaLiga suma 5 metales reforzando una línea que lleva tiempo trabajando.
Deja de ser solo competición para comportarse como marca de contenido.
Más allá de los partidos, construye narrativa, cultura y entretenimiento.
No depende únicamente del calendario deportivo. Genera presencia propia.
Los C de C 2026
Si se miran juntas, estas marcas no destacan por hacer cosas radicalmente distintas.
Destacan por sostener con bastante precisión lo que han decidido ser.
Y eso es justo lo que el jurado está reconociendo.
El dato ayuda a ponerlo en perspectiva: se han entregado 117 metales —además del Gran Premio— entre 379 piezas seleccionadas para el Anuario de la Creatividad Española 2026.
Oriol Villar junto a LLYC, Fuego Camina Conmigo, Ogilvy o VML The Cocktail aparecen entre las agencias con mayor presencia en el palmarés, y ayudan a entender qué tipo de propuestas están marcando el ritmo del sector.
Cada vez cuesta más separar idea, ejecución, contexto y negocio. Todo empieza a evaluarse junto.