La Sagrada Familia entra en LEGO

Más de 12.000 piezas para reproducir una de las obras arquitectónicas más reconocibles del planeta. Una construcción que lleva más de un siglo creciendo y que, de alguna forma, comparte con LEGO cierta obsesión por construir a partir de elementos sencillos capaces de generar algo mucho mayor.

La noticia llama la atención por las dimensiones del proyecto y ofrece una buena excusa para observar la evolución de la propia LEGO.

Pocas compañías han atravesado una transformación tan profunda manteniendo una identidad tan reconocible.

A principios de los años 2000, LEGO atravesaba una crisis seria. Había multiplicado categorías, productos y líneas de negocio hasta perder parte de la claridad que durante décadas la había convertido en un icono. En 2003 registró pérdidas históricas y empezó a aparecer una pregunta incómoda: qué significaba exactamente ser LEGO.

Muchas marcas responden a ese tipo de crisis buscando parecerse a lo que funciona fuera.

LEGO hizo justo lo contrario.

Volvió al sistema de construcción que había dado sentido a la compañía desde sus orígenes, simplificó su catálogo, recuperó foco y reforzó la relación con una comunidad que nunca había dejado de creer en la marca.

A partir de ahí comenzó una expansión que iba mucho más allá del juguete.

Llegaron las películas, los videojuegos, los parques temáticos, las colaboraciones con grandes franquicias y, sobre todo, una nueva generación de adultos que encontró en LEGO un objeto de colección, una actividad creativa o incluso una forma de desconexión.

Más allá de nuevos productos y formatos, la compañía ha ampliado progresivamente los espacios desde los que puede resultar relevante.

La arquitectura es uno de los más evidentes. La Sagrada Familia se incorpora ahora a una colección que incluye algunos de los edificios más reconocibles del mundo. No como simples reproducciones, sino como una forma de acercar el diseño, la historia o el patrimonio al lenguaje propio de LEGO.

Lo mismo ocurre con LEGO Botanicals.

Las instalaciones desarrolladas en el aeropuerto Changi de Singapur, las colaboraciones vinculadas a los Patios de Córdoba y otras iniciativas similares muestran una marca cómoda en conversaciones que hace unos años parecían alejadas de su categoría. Jardinería, diseño, patrimonio cultural, creatividad o experiencia comparten hoy espacio dentro de un mismo ecosistema.

La recuperación de LEGO no se explica únicamente por sus productos.

También por su capacidad para ocupar territorios culturales cada vez más amplios sin perder coherencia.

La marca ha conseguido estar presente en intereses, aficiones y comunidades muy diferentes sin perder reconocimiento ni claridad.

Mientras muchas compañías siguen buscando cómo incorporarse a conversaciones culturales ya existentes, LEGO lleva tiempo construyendo espacios propios alrededor de la creatividad.

Quizá por eso la Sagrada Familia encaja tan bien en su universo.

No solo por su arquitectura, sino por lo que simboliza: la capacidad de construir algo extraordinario a partir de miles de elementos aparentemente simples.

LEGO

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